Breve testimonio de mi salvación
Yo nací en una familia cristiana por la gracia de Dios. No obstante, aunque nací en una excelente familia cristiana, yo no era regenerado; recién en el tercer año de la facultad encontré el mayor tesoro espiritual, Cristo en mí. Les explico el día de mi regeneración.
En la facultad, yo me estaba preparando para estudiar unos finales. Durante el estudio me llama mi padre desde otra ciudad: “Josías, tenes que venir a esta conferencia, no hay opción”. En la conferencia predicaban unos hermanos de la misión de mi padre --IPM--; predicaban también mensajes evangelísticos. Yo me fuí antes del día que terminara la conferencia para estudiar. Pero al regresar a la ciudad donde estudiaba, en la noche, no podía hacer los resúmenes para el exámen. Pensaba: “¿qué es más importante: perder mi alma en el infierno o esta facultad?”. Oré a Dios reconociendo mi incapacidad, y consiente en dejar el mundo, y buscar la misericordia y la gracia de Cristo. Oré: “Dios, no quiero perder mi tiempo en esta materia e irme al infierno”. Visualizaba a Cristo lleno de gracia que me perdonaba. Y tuve una seguridad que nunca había tenido antes. Jesús me perdonaba. Y lloraba con mucha emoción al descansar en la misericordia de Cristo. Ese día Dios me salvó por su gracia. Creí en el evangelio que dice que por la muerte de Cristo al derramar su sangre me compró, me redimió de la esclavitud del pecado para ser participante de la naturaleza divina al Cristo resucitar de entre los muertos porque la muerte no le podía sostener.
Después de la regeneración Dios estaba haciendo visible su conversión. Empecé a tener luchas internas que nunca tenía: La carne en contra de la nueva naturaleza. Iba a la facultad, pero ya no me atraía. Por el camino, al volver, solo pensaba en escuchar sermones. La vida, Cristo, ya vivía en mí. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20). Ahora tenía victoria sobre el pecado, tenía esperanza, disfrutaba de leer la Biblia como nunca. Todo cambió por la gracia de Dios !!Gloria a Dios!! Mi vida cambió contundentemente; mi hermano decía: “ese no es el mismo Josías”. Mi padre decía: “él nunca quería predicar”. Antes vivía una vida en temor, reprimido, pues sabía que ya estaba condenado. Pero, luego nací “de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Y la nueva criatura se hizo evidente; “todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). Me acuerdo cuando fui a Chile para una conferencia de misioneros. Estaba lleno de temor. Me hablaban, pero yo no sabía nada de la vida cristiana. Cuando de a dos tenían que orar, mi hermano le fue super bien con el otro cristiano. En cambio, yo no tenía cómo; no tenía pasión por Dios; y, por tanto, no oraba nunca. Pero tres años después todo cambió: participaba en la reunión, predicaba a los taxistas “porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14) de manera que ya cumplía la gran comisión por su gracia. “Así que teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés que ponía un velo sobre su rostro” (2 Corintios 3:12). No basta con solo decir: “Dios me cambió”, pues la verdad es que mató a mi viejo hombre en la cruz y ahora me dio: “espíritu de poder y de dominio propio”. Ahora. hermanos, si yo siendo enemigo, fui reconciliado con Dios por medio de la muerte de su Hijo, mucho más seré salvo por su vida (Romanos 5:10). Eliseo aun muerto fue capaz de resucitar algunos muertos que cayeron del carruaje sobre su tumba; ¿cuánto más Jesús, que vive? Él está sobre todo poder y señorío intercediendo por sus escogidos ¿Quién acusará a sus escogidos? ¿Quién acusará a los que recibieron la salvación, los que se despojaron de sus méritos para aceptar los méritos de Cristo? Hermanos, en Él también yo fui circuncidado con circuncisión no hecha a mano, al echar de mí el cuerpo pecaminoso, en la circuncisión de Cristo ( Col 2:11). Porque el vive, ahora yo vivo. Amén.
Y tu, ¿experimentaste esta gran conversión? !!Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo!! Lee los pasajes que mencioné en este escrito y cree en la gracia de Dios. Él es lleno de gracia para recibirte. Al que a él va él no le echa fuera. " Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:35-37).
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